lunes, 1 de marzo de 2010

Pueden estar tranquilos


Se incendió la alarma volcánica, ya era hora de levantarse. Se sentó en las brasas en donde dormía y lentamente se puso de pie, estirándose mientras cerraba los ojos para evitar abrasar el techo. Bajo las brasas estaban sus pantuflitas rojas, se escondían de él, tenían miedo; sin embargo, no bastó con eso, sólo con una mirada éstas se le entregaron. Que calor había, todo lo quemable ardía.

Al ponerse de pie decidió dirigirse a la lumbre en donde recibía a sus invitados, olía a hielo. Que desconcierto le causó verla apagada, al parecer era una broma más de esos pequeños enanos de medio cuerno. Pero no le dió mayor importancia, volvió el fuego a la vida con un incendio forestal intencional, del cual él no tenía nada que ver.

Hace ya varios meses que el sueño lo tenía dominado, poco y nada sabía del mundo, su cuerpo tampoco lo acompañaba en un cien por ciento. Caminar fue lo único que hizo durante toda la calurosa mañana, en no más de ocho horas pudo recorrer toda su propiedad; la manada de elefantitos con escamas, su jardín de flores felices, la bodega donde guardaba cabezas y también el crucero de tripulación ambiciosa que jamás llego a su destino.

Es hora de trabajar. Flojo y con el cuerpo aún blando, buscó en el cajón del servicio que se encontraba al lado de la lumbre; al encontrar lo que necesitaba, subió a su corcel y se dirigió cerro arriba. Al llegar suspiró, bajo del corcel, el que para ese entonces ya era un elefante sin escamas, y puso las manos en la cintura para echar a andar los engranajes de su pervertora creatividad. Cuando se le ocurrió una buena idea, una realmente retorcida, asomó la cabeza para mirar por última vez al gastado pueblito; pero algo le llamo la atención, lo observo bien, miró la miseria, la desgracia, los vicios, la soberbia, el abuso, el trencito, la calle y también la luz que tenuemente iluminaba el resto de miseria que hace unos instantes no vió. No le quedó otra; se apareció en el vecindario, con las rodillas espantadas, sólo para comprar el periódico. Don Diablo regreso a casa

En este instante está sentado al calor de su lumbre, lleva un extravagante monóculo puesto y toma whisky mientras busca un nuevo empleo en el periódico, un trabajo donde no vuelva a tener competencia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad es una genialidad Wn Grande Grande!! este Blog ya es mi segunda mente.

Seba ? dijo...

anonimo le miraba "El"